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viernes, 28 de abril de 2017

Censura positiva y negativa

En la entrada pasada hablé del racismo, y así como hay positivo y negativo, también hay censura positiva y negativa

Platón ya nos habla un poco de esto, aunque no es el tema principal, en su obra de Lysis o de la amistad, en donde el joven, no es que sea gobernado por un esclavo, es que todavía no está en edad de hacerse cargo de ciertas cosas

Existe una censura positiva, es aquella que no está cerrada a quien quiera entrar; pero advierte sobre su acceso a aquellos que la desean, ya sea porque todavía es demasiado avanzado para ellos, o porque no han alcanzado los méritos

Si vamos a sus orígenes, la palabra censura no tiene en sí misma una connotación negativa, ya que viene de la supervisión de usos y costumbres de un pueblo por un encargado, y también de poner penas a aquellos que las rompan

La censura positiva fomenta el crecimiento y previene de posibles problemas a aquellos que censura. Por ejemplo, hay cosas que no deben hacer los infantes; pero que los adultos sí. Eso es una censura

El problema viene cuando la censura se hace negativa, es decir, privativa y denigrante, cuando sólo se quiere callar o evitar que se haga algo porque perjudica a una minoría

Un ejemplo de esta censura la podemos ver en los medios de comunicación, que siempre están dispuestos a mostrar lo que le conviene a los poderosos, y pobre de aquel que diga lo contrario, pues quedará ridiculizado por las credenciales y prestigio que da estar en esos medios, aunque esa persona desprestigiada diga la verdad

Por esto, para el filósofo, la censura siempre debe ser cuestionable. ¿Me ayuda esta censura? ¿Me está poniendo una meta, un reto? ¿Me perjudica? ¿Me está privando de algo, evitando que crezca o acceda a algo sin lógica?

Hay que ver la censura como lo que es, y ponernos a pensar que no necesariamente todo lo que nos censuran es por un complot universal en nuestra contra. Hay cosas que tienen razón de ser censuradas, como no darle el voto a personas que no están capacitadas para ello, o cuando dicen que tal película o videojuego no es apto para cierto público, por ejemplo. Y también es motivo de rebeldía y subversión si esta censura es ilógica y autoritaria, como cuestionar la segunda guerra mundial en Alemania, por ejemplo

Toda censura positiva tiene una razón,  y deben dártela. Toda censura negativa no la tiene y se te obligará a acatar sin derecho a réplica

viernes, 21 de abril de 2017

Racismo positivo y negativo

El racismo es considerado negativo siempre; pero no es así en todos los casos. Veamos las variantes

Racismo negativo en contra de un grupo>> Este caso es cuando un grupo o varios grupos de razas están en contra de otro u otros grupos de razas, y buscan su perjuicio a beneficio del suyo. Por ejemplo, el racismo de los blancos contra los negros por parte del Ku-klux-klan

Racismo negativo a favor de un grupo>> Este caso es cuando un grupo o varios grupos de razas están a favor de otro u otros grupos de razas, y buscan su beneficio en perjuicio de otro. Por ejemplo, el imponer a la raza judía por encima de la raza blanca, sobre todo a la alemana

Racismo positivo>> En este caso, un racismo positivo no puede ir en contra de ningún grupo, por el contrario, se fomenta la unidad de la raza, su crecimiento cultural y su autonomía, respetando las diferencias así como también fortaleciendo lazos mutuos entre otras razas. Ejemplo de ello fue la Alemania de Hitler. Que si bien esto puede impactar a muchos, los invito a investigar más a fondo sobre la verdad de los hechos, a no ser que en su país sea ilegal buscar la verdad, lo cual ya les pone en camino a preguntarse si realmente la verdad es la que les han dicho, ¿por qué les prohíben buscar más al respecto?

La gente no puede imaginarse que el racismo no puede ser positivo. Siempre le han metido a la gente la idea de que el racismo es malo. Todo porque el mundo busca la palabra y la ve con definición de que es negativa. Pero si buscan si Jesús es dios, verán que sí, verán que google dice que sí, porque Jesús así lo dijo. ¿Ven a lo que voy? ¿Ven el peligro de creer algo sólo porque lo dice la mayoría?

El racismo puede ser positivo, ya que se ve primero por tu gente, lograr que tu gente esté bien, sea próspera, unida, genere su propia cultura, su propio idioma, sus tradiciones, usos y costumbres, y luego, aliarse con otras razas para fortalecerse mutuamente rellenando los vacíos naturales que se forman y que otros pueden apoyar a solventar

Yo tengo una posición respecto a la mezcla de razas; pero eso nunca significará que acepte lo que está sucediendo en Europa, en donde se busca aniquilar a la raza blanca, a su cultura, sus tradiciones y obligarlos a aceptar el genocidio sólo porque el mundo cree que ellos fueron los malos durante toda la historia esclavizando al resto del mundo. Es precisamente debido a que la mezcla de razas es muy importante para mí, que yo no quiero la desaparición de ninguna, porque siempre la materia prima es necesaria para investigaciones o mejoras futuras

He dicho

viernes, 14 de abril de 2017

Z.U.L.E.M.A. en digital a la venta

Por fin, y después de ver que nadie me podía hacer una portada, ni pagándoles, he decidido hacer una portada sencilla para por fin ofrecer al público el libro, que lo lean, esa es otra historia

Esta es la portada

Es más que obvio que el color rojo fue elegido por ser el color de la sangre Y este es el enlace a payhip

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viernes, 7 de abril de 2017

Prólogo de Viaje al oeste (Parte 12 de 12)

Introducción (9/9) (Por Enrique P. Gatón e Imelda Huang)


b) Autoría de la novela
A tal actitud abierta contribuían, igualmente, tanto el método de aprendizaje empleado por los propios literatos como la baja estima en la que se tenía a la novela y a sus creadores. El ideal literario chino no estribaba, en efecto, en la novedad de la trama o de los medios expresivos empleados, sino en la identificación con los modelos anteriores.

Esa postura conducía inevitablemente a una repetición exhaustiva de las obras del pasado, en las que se introducían por igual crasos errores y aciertos geniales. A estos últimos hay que atribuir tanto la deslumbrante vitalidad de la literatura china como su posterior decadencia, ya que no existe, en efecto, mayor enemigo de las artes que la rutina.

De ella se libró, afortunadamente, el autor de la versión definitiva, consiguiendo integrar en una obra de cien capítulos los temas más sobresalientes de una larga tradición multisecular. Teniendo en cuenta el carácter fragmentario de los antecedentes que han llegado hasta nosotros, nunca sabremos qué aportaciones son originales suyas y cuáles se deben a la labor de los hombres de letras que le precedieron. De lo que sí estamos seguros es de su profunda capacidad literaria, ya que realizó una dificilísima síntesis de materiales sumamente diversos, a los que fundió en el crisol de la genialidad con el fuego de la poesía, el drama, la filosofía y la religión.

A pesar de su reconocida maestría, su personalidad continúa siendo un misterio. No podía ser de otra forma en una época en la que la novela era considerada un mero divertimento del populacho, indigno por completo de las clases superiores. Aunque existen referencias indicativas del alto interés que los intelectuales sentían por ese tipo de narraciones, públicamente seguían afirmando la superioridad de la poesía y los relatos históricos, con su pesada carga didáctica y moralizante.

Mostrar la más mínima curiosidad por las historias que tanto deleitaban al pueblo hubiera supuesto un auténtico suicidio intelectual, pues el valor de las grandes obras del pasado se asentaba tanto sobre sus innegables valores estéticos, como sobre el prestigio de los hombres de letras que las patrocinaron. Ésta no era un actitud exclusiva del ámbito literario, sino que se extendía a todas las artes. Las grandes muestras pictóricas se convirtieron, de hecho, en espacios en los que los grandes poetas, calígrafos y
políticos de su tiempo estampaban sus sellos y sus opiniones. La firma de un hombre de prestigio valía mucho más que la profundidad de esas visiones plasmadas sobre un rollo de seda para poder ser, más que vistas, meditadas. Poco podía aportar a una obra de arte la aprobación de la gente sencilla que llenaba los mercados y se agolpaba en las explanadas de los templos.

Sin embargo, para llevar a cabo la armonización de elementos tan dispares como son los que componen el Viaje al Oeste, se precisaba la aportación de un literato experimentado y de gran capacidad expresiva. Se han barajado, a este respecto, muchos nombres, pero ninguno ha despertado un interés tan vivo como el de Wu Cheng - En. 

Nacido hacia el año 1500 en Shan - Yang, distrito perteneciente a la prefectura de Huai - An - Kiangsu -, ejerció diferentes puestos en la administración, alcanzando en 1544 un cargo de grado medio en el departamento de finanzas. Adscrito al movimiento «Hou Chi Tse» («Los Siete Sabios de los últimos tiempos»), que propugnaba la imitación de los modelos clásicos, fue conocido y respetado por su facilidad poética, su desbordante buen humor y su interés por lo fantástico y exotérico.

Todos estos elementos se hallan presentes en cada una de las páginas de la obra que nos ocupa, pero su asignación a Wu Cheng - En se basa en las compilaciones imperiales posteriores a su muerte, acaecida en 1582. La primera en establecer esa conexión entre
el literato y Hsi - You Chi fue el Diccionario Geográfico de Huai - An, que vio la luz durante el reinado del emperador Tian - Chi (1621 - 1627).

A finales de ese mismo siglo vuelve a atribuírsele la autoría de la novela en el Cian - ching - tang Shu - mu, un catálogo de obras literarias, aunque aparece registrada en la sección geográfica y el epígrafe histórico. Bajo esa misma adscripción se halla incluida
en un nuevo Diccionario Geográfico de Huai - An, recopilado en tiempos del emperador Kanghsi (1662 - 1722), así como en el Diccionario Geográfico del Distrito de Shan - Yang, compilado, a su vez, durante el reinado del emperador Tung - Chr (1862 - 1874).
De estas conexiones se hicieron eco escritores tan prestigiosos como el crítico Wu Yü-Chin (1698 - 1773) y el especialista en literatura clásica Ding - Yen (1794 - 1875). 

Sorprende, a pesar de todas estas referencias, que ni Shr De-Tang, ni Chen Yüan-Chr, ni Tang Kuang-Lu, ni el respetado crítico Li - Chr no sólo no mencionen a su contemporáneo Wu Cheng - En como autor de la novela, sino que explícitamente declaran que desconocen el nombre del literato que la redactó. Por otra parte, la obra a la que se refiere el Diccionario Geográfico de Huai-An de principios del siglo xvii podría muy bien tratarse de una versión más del Hsi-You Chi, distinta de la que hoy conocemos. De todas formas, no podrá aventurarse una hipótesis fiable hasta que no se
haya completado la investigación sobre las conexiones existentes entre los componentes internos de la novela y los de los escritos de Wu Cheng - En que han llegado hasta  nosotros. De momento, lo único que puede afirmarse es la probabilidad de que el autor de la obra sea, en efecto, el literato fallecido diez años antes de su publicación con la longitud y estructura que hoy conocemos.

Bástenos recalcar que constituye el punto final de una larga tradición iniciada mil años antes, que tomó diferentes formas expresivas con el paso del tiempo. Constituye, de esa forma, una síntesis armoniosa de los modos de hacer chinos de los siglos vil al xv, abarcando dinastías tan ricas, literariamente hablando, como la Suei (581 - 618), la Tang (618 - 907), la Sung (960 - 1280), la Yüan (1280 - 1368) y la Ming (1368 - 1644).

Lo que han hecho, en realidad, obras tan señeras como La Investidura de los dioses, En las márgenes del agua, Ching Ping Mei y Viaje al Oeste ha sido recoger lo mejor y más significativo de su universo cultural y proyectarlo hacia el futuro con esa fuerza que
sólo la imaginación es capaz de dar. Así se convirtieron no sólo en punto de llegada, sino en principio de una nueva vitalidad literaria, que cristalizó en la rica producción literaria de la dinastía Ching (1644 - 1911). Por eso forman parte del patrimonio de la humanidad, a pesar de la condena de desconocimiento a la que, una y otra vez, las ha sometido el centralismo cultural occidental.