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viernes, 19 de enero de 2018

Historia de la estupidez humana. Paul Tabori (2/2)

CAPÍTULO 6

"He aquí el procedimiento en el caso de los suicidas, según el relato de un informe fechado en 1725: "El fiscal  del Rey en Fontain-des-Nonnes inició juicio criminal contra Jacques de la Porte, empleado del tribunal de  Marcilly, en su carácter de defensor del cadáver de Charles Hayon. En el curso de la audiencia se estableció  que el arriba mencionado Charles Hayon, residente en Chaussée, se mató voluntaria y malignamente, atándose las piernas y arrojándose al arroyo, donde se ahogó. Se sentenció al cadáver a permanecer boca abajo, desnudo,  sobre una parrilla de madera, y a ser arrastrado en ese estado por las calles de la comuna de Chaussée.""

"De acuerdo con las antiguas reglas de las corporaciones, el hombre que había cumplido funciones de "perrero"  no podía ingresar en una corporación... porque se consideraba que su profesión era "deshonrosa". Ahora bien,  puede ocurrir que un honesto artesano mate un perro. El problema legal es el siguiente: ¿habrá de  considerárselo "perrero temporario o profesional"?"

Heinrich Klüver, abogado de Wittenberg escribió "Kurtzes bedencken über Juristische Frage: Ob eine schwangere  Frau, wenn sie wahrend der Reise auf dem Wagen eines Kindes genesen, für selbiges FuhLohn zu geben gehalten sey  (Jena, 1709). (Breve examen del problema jurídico: si una mujer embarazada, que da a luz un niño mientras viaja en una diligencia, está obligada o no a pagar el billete del recién nacido.)"

Esta está buenísima
"Y si alguno de sus compañeros de viaje diera pruebas de extremada bajeza y le hiciera proposiciones  indecorosas, el buen doctor aconseja a la dama utilizar una frase que dejará aplastado al importuno: "Si  realmente me amáis, no tratéis de robarme aquello que precisamente me hace digna del amor.""

"Cierto doctor Simon Christoph Ursinus produjo un estudio sobre los derechos legales y los problemas de las  prostitutas; probablemente sobre la base de exhaustivas investigaciones prácticas (De quaestu meretricio).  ¿Cuándo es posible llamar meretrix a una mujer? Cuando vende por dinero sus favores. Pero si no acepta dinero,  ¿cuántos amantes ha de tener para que merezca ese nombre? La jurisprudencia no ofrecía un criterio definido; de  acuerdo con cierto autor, la cifra era de cuarenta"

"Véase, por ejemplo, el caso de la joven de Wáshington que conoció en una fiesta a un golfista profesional, y  recibió de él algunos buenos consejos sobre el modo de mejorar su técnica. Poco después, el hombre le envió una  factura por doscientos dólares. La joven creyó que el hombre bromeaba, pero él le aseguró que era la tarifa  acostumbrada, e insistió en el pago. Asombrada, la joven consultó a un abogado amigo, y éste afirmó que en  tales circunstancias la exigencia de pago era ridícula. "Si vuelve a hablarle del asunto, envíemelo", dijo el  letrado. Pocos días después recibió una factura de cien dólares, por el consejo legal recibido. ¡Y en  definitiva tuvo que pagar las dos cuentas!"

"Un edicto de Cromwell contra las blasfemias no ha sido derogado nunca en Inglaterra. Establecía un sistema de  multas, graduadas de acuerdo con el lenguaje empleado y con la posición social del ofensor. Así, un expletivo  prohibido costaba 30 chelines a un lord, 25 a un caballero, 10 a un esquire, 6 chelines 8 peniques a un simple  "caballero", mientras que "todas las personas inferiores" podían expresar sus sentimientos al módico precio de  3 chelines 4 peniques. Sin embargo, esas penas eran sólo por los "primeros delitos". Después de varias  condenas, el delincuente corría el riesgo de que se lo declarara "blasfemo habitual" y se lo enviara a la  cárcel. Todavía en la década de 1930 se imponían multas en ciertos lugares de Inglaterra (en Windsor, por  ejemplo) a quienes juraban en público, y aún hoy es preciso cuidar el lenguaje que se usa en las Islas  Británicas."

"los jueces de Darlington habían aplicado una multa de cinco libras a un hombre llamado George Thomas  Waterhouse, culpable de recibir alambre de cobre y objetos de bronce valuados en 4 libras, 3 chelines y 6  peniques, "que habían sido robados por George Thomas Waterhouse". Lo característico del caso fue que, a pesar  de que el señor Waterhouse estaba acusado de robar y de recibir, los jueces lo condenaron solamente por este  último cargo. Sin duda fue un auténtico Jekyll y Hyde... pero salió bien librado. Fue otro caso en que la ley  se pasó de inteligente, y terminó derrotándose a sí misma."

"Un caso igualmente esquizofrénico ocurrió en los Estados Unidos, donde la señora Ruth E. Hildreth, de El Paso,  Illinois, inició juicio contra ella misma por la suma de 20.000 dólares. Es comprensible que al poco tiempo  anunciara en Eureka, Illinois, que había arreglado el asunto extrajudicialmente. Por supuesto, esta particular  forma de locura tenía cierto método. La señora Hildreth afirmaba haber sufrido varias heridas en un choque de  vehículos, cerca de Eureka, dos años antes del juicio. Acusaba a Leroy Schneider, conductor del otro coche, de responsabilidad en las lesiones sufridas, y exigía el pago de 20.000 dólares. Pero Schneider murió en el  accidente, y la señora Hildreth pidió que se la nombrara administradora de la propiedad del difunto, porque las  heridas sufridas creaban en ella un interés personal en la disposición de la propiedad en cuestión. De modo que  cuando inició el juicio, descubrió que lo hacía contra el administrador de los bienes de Schneider... es decir,  contra ella misma."

"Hace algunos años, Sir Frank Soskice, en su carácter de fiscal general, presentó en la Cámara de los Comunes  un proyecto con el fin de eliminar las leyes anticuadas que han sobrevivido obstinadamente. Algunas de ellas se  remontan a 1235; la más reciente es de 1800. Hay algunas leyes todavía en vigor (y varias NO incluidas en la  ley) en virtud de las cuales buen número de personas pueden ser condenadas a la picota o a la flagelación en  público. Por ejemplo, dichas penas serían aplicables a quienes vayan al cinematógrafo en domingo, o se  entretengan en "diversiones profanas"."

"Las palomas no deben posarse en los techos de las casas o pasearse por los jardines de los vecinos. (Decisión  oficial británica.)

Los encargados de los bares no contraen responsabilidad legal cuando juzgan la edad de los enanos. (Junta  californiana de compensación.)

Los cálculos renales y el oro de los dientes extraídos son todavía de propiedad del paciente. (Asociación médica  alemana.)

Cuando una manada de perros ocupa las vías del ferrocarril, no es necesario tocar el silbato para cada perro en  particular. (Un tribunal de Tennesse, Estados Unidos.)

La mujer no está obligada a soportar al esposo que fuma la pipa en el lecho matrimonial. (Tribunal doméstico,  Londres.)

No es delito criminal desear que alguien se caiga muerto. (Fiscal Charles Ireland, de los Estados Unidos.)

Los expertos de yo-yo no pueden practicar su arte en las cercanías de las escuelas... son una tentación para  los niños, y los distraen. (Tribunal municipal, Estados Unidos.)

Una mujer tiene derecho a divorciarse si el esposo insiste en realizar todo el trabajo doméstico. (Tribunal  doméstico, Londres.)"


"En 1890 murió en la antigua ciudad de Szekesfehervar un abogado húngaro llamado Juan Farkas. Adquirió fama en  el papel de defensor de muchos asaltantes de caminos. Se especializó en la defensa de bandidos, y amasó una  fortuna considerable gracias a su concentración en esta esfera del derecho. Era soltero, pero tenía muchos  parientes. Cuando se leyó el testamento, se comprobó que dejaba una propiedad de tres mil acres, dinero y otras  posesiones a aquel de sus parientes que en el plazo de diez años fuera capaz de dar la más exacta respuesta a  las siguientes preguntas: 1) ¿Qué es eterno e infinito sobre la tierra? 2) ¿Por qué la gente necesita dinero? 3) ¿Por qué la gente pleitea? Hasta que se obtuvieran respuestas satisfactorias, debía dividirse la renta de  las propiedades entre distintas instituciones caritativas. Al cabo de una semana se presentaron alrededor de  quinientos litigantes, divididos en dos grupos principales. Uno de ellos aceptó las condiciones, y  pacientemente comenzó a formular respuestas a las preguntas. El otro impugnó el extraño testamento y trató de  demostrar que en el momento de redactar el documento Farkas era insano. Al cabo de diez años, los tribunales  resolvieron que el testamento era válido. El número de litigantes se había reducido a veintidós, pero ningún  juez alcanzaba a decidir cuáles eran las respuestas más correctas. (Uno de ellos escribió un libro de 150  páginas con el propósito de resolver los problemas suscitados.) El fantástico pleito duró más de cincuenta  años. Uno de los abogados sugirió un compromiso. La propiedad había aumentado considerablemente de valor; ahora  valía más de 200.000 libras, y propuso dividirla en partes iguales entre los herederos. Estos rechazaron de  plano. En el curso de los cincuenta años, más de sesenta personas habían sido sentenciadas por asalto y  agresión, por redacción de libelos obscenos y por otros diversos delitos menores, cometidos dentro y fuera del  recinto del tribunal, en ocasión con motivos de mutuos ataques de los antagonistas. El último juez que examinó el caso suministró la respuesta correcta a las tres preguntas. ¿Qué es eterno e infinito? Este pleito. ¿Para  qué necesita dinero la gente? Para continuar el pleito. ¿Por qué la gente pleitea? Porque necesita dinero. La  tremenda inflación de 1945-46 liquidó la propiedad Farkas, y de ese modo acabó también con la manía litigiosa  de sus herederos"

CAPÍTULO 7

frase de Séneca>> ""Nunca pretendí complacer a la multitud; pues lo que yo puedo hacer, ella no lo quiere; y lo  que a ella le complace, no puedo hacerlo"."

"Uno de los casos más inocentes fue la broma que M. Bernard Le Bovier de Fontenelle, el eminente hombre de  letras francés, hizo a sus amigos y colegas. (De Fontenelle murió a la madura edad de cien años, cuando ocupaba  el cargo de secretario general de la Academia Francesa.) Cierto día invitó a almorzar a sus colegas del alto  cuerpo. Después de la comida salieron a pasear al jardín, y allí el anfitrión llamó la atención de sus  huéspedes sobre un extraño fenómeno. "Toquen este globo de vidrio, señores. Lo baña la luz del sol... y sin  embargo está frío en la parte superior y caliente en la base. ¿Cuál podrá ser la causa?" La erudita compañía  arguyó y teorizó. Se expusieron profundas y meditadas opiniones, y todas procuraban explicar el extraño  fenómeno. Al fin Fontenelle se fatigó de tanto ejercicio mental. "Creo que puedo ofrecerles la respuesta  exacta. Hace pocos minutos estuve en el Jardín; y entonces el globo estaba caliente arriba y frío abajo. ¡Yo lo  di vuelta y ahora está al revés!" 

Sir John Hill, que vivió en el siglo XVIII, inventó una broma mucho más  maligna, de la que hizo víctima a la Royal Society. Durante muchos años había tratado infructuosamente de  ingresar. Pero el cuerpo insistía en rechazarlo, de modo que decidió vengarse. Cierto día el secretario de la  Royal Society recibió una notable carta. Fue leída solemnemente en la sesión siguiente. El remitente era un  médico rural, y en su misiva informaba que había logrado una curación milagrosa mediante la aplicación de  alquitrán. Un marinero se había roto la pierna; el médico había reunido los distintos fragmentos, los había  empapado en alquitrán uniéndolos fuertemente con vendas, y al cabo de pocos días las dos mitades de la pierna  se habían unido completamente. Ahora el marinero caminaba como si jamás hubiera sufrido el menor accidente.

En esos días se hablaba mucho de las propiedades curativas del alquitrán; y sobre todo del uso que se le había  dado para la preservación de las momias egipcias. Los campeones de esta panacea consideraron muy de su agrado el  informe; era una nueva prueba de las teorías que estaban defendiendo. Algunos escépticos afirmaban que no podía tratarse de una fractura compuesta; el médico en cuestión seguramente había exagerado, y quizás la cura había  sido menos rápida. Todavía estaban discutiendo, cuando el médico escribió nuevamente: "Olvidé decirles en Mi  primera carta", explicaba, "que la pierna del marinero era de madera"."

CAPÍTULO 8

"Quizás la mejor y la más universal de todas las curas contra las heridas de bala fue inventada por Ferene, un  médico transilvano. El erudito galeno fue médico de la corte de Sigmundo Bathory, príncipe de Transilvania. Era  muy respetado por el príncipe, que no se separaba de él. En 1595, Bathory condujo a sus ejércitos contra los turcos. El doctor Ferene tuvo que acompañarlo. Era un sabio pacífico y amante de la tranquilidad; odiaba la  idea de salir con el ejército en campaña, aunque, naturalmente, no podía expresar sus sentimientos. Después de  algunas semanas de vida incómoda y peligrosa, el doctor dejó entrever a algunos cortesanos que conocía una  medicina maravillosa, capaz de salvar a un hombre de la acción de cualquier arma, aunque se tratara del cañón  de mayor calibre o del más peligroso mosquete. A su debido tiempo, el rumor llegó a oídos del príncipe. El  doctor Ferene era hombre de extraordinaria erudición, de modo que bien podía haber descubierto algo importante.  Bathory ordenó que el médico de la corte preparara la milagrosa poción, y el doctor Ferene puso alegremente manos a la obra. Pero declaró que necesitaba regresar a Brasso, la capital, porque allí tenía las medicinas y  los ingredientes indispensables. El príncipe ordenó que una fuerte escolta acompañara al médico durante su  viaje a Brasso, y esperó el resultado. Lo recibió con sorprendente rapidez, pues el doctor Ferene se limitó a  escribirle una carta: "He hallado esta panacea en mi cofre de medicinas: a quien desee salvarse de herida de  espada, de acometida de lanza y del terror de las balas de cañón... déjesele vivir en paz en Brasso. Y como  considero que esta es la más segura medicina, aquí me quedaré a esperar el fin de la guerra; y aconsejo a Su  Alteza y a todos los que deseen escapar a los peligros de la batalla que sigan mi humilde ejemplo." No se  conoce la respuesta del príncipe.""

"La colección Cent Nouvelles Nouvelles (publicada por primera vez en 1432) relata la historia del mercader que  regresa después de una ausencia de diez años, y encuentra en su hogar un niño más que los que dejó. La esposa  ya ha preparado una explicación: "Juro que no he conocido a otro hombre que tú. Sin embargo, una mañana bajé al  jardín para recoger un poco de acedera; arranqué una hoja y la comí. Sobre la planta habla caído un poco de  nieve fresca. Apenas la hube tragado sentí lo mismo que las veces anteriores en que quedé embarazada. Es  evidente que este bello niño es nuestro hijo." El esposo era hombre discreto y cauteloso; fingió creer la  historia. Esperó unos años, hasta que el niño creció, y entonces lo llevó consigo en viaje de negocios, y lo  vendió como esclavo en África, por cien piezas de oro. Cuando regresó, su esposa le preguntó por el hijo. "Ay,  querida mía", suspiró el mercader, "cuando desembarcamos en África, el calor era terrible, y nuestro muchacho,  que era hijo de la nieve, comenzó a derretirse. Y antes de que pudiéramos prestarle ayuda, se disolvió ante nuestros propios ojos"

CAPÍTULO 9

"la moda es peor tirano que cualquiera de los maestros de la estupidez"

CAPÍTULO 10

"Esta maravillosa presunción de los hombres, los cuales empiezan por aplicar nombres arbitrarios a las  estrellas del cielo, y luego extraen trascendentales conclusiones de esa nomenclatura arbitraria, constituye  una de las más notables pruebas de la inmortalidad de la estupidez"

"Otro aficionado a las reliquias compró al dentista del general Pershing una de las muelas del famoso militar,  y pagó por ella una gran suma. El comandante en jefe de la Fuerza Expedicionaria Norteamericana en la Primera  Guerra Mundial se encolerizó mucho al enterarse del caso, de modo que algunos de sus oficiales acometieron la  tarea de recuperar la muela. A decir verdad, realizaron una magnífica tarea: al cabo de algunas semanas habían conseguido trescientas diecisiete muelas "auténticas" del general Pershing"

"De todos modos, ¿cómo clasificar la colección de Río Caselli, el bibliófilo italiano? Dedicó veinticinco años  a crear una biblioteca con los libros más aburridos del mundo. Con este fin revisó y seleccionó la literatura  mundial, hasta que halló 8600 volúmenes dignos de ser incluidos" (Esa lista no es fácil encontrarla; pero ahora estoy seguro que se multiplicó exponencialmente)

"¿Es posible curar la estupidez? El mejor modo de determinar la naturaleza secundaria, derivada, no congénita  de la estupidez consiste en observar su desarrollo en los niños. Un niño inteligente se idiotiza gradualmente,  durante su primera pubertad (es decir, en el tercer o cuarto año de su vida). Caracteriza a este período el  persistente y vigoroso deseo de conocimiento sexual. Si dicho deseo es objeto de grosera y arbitraria represión  (como es el caso muy a menudo), y si se le aplican una serie de calificativos injuriosos, el niño reprimirá su  instinto y su deseo de conocimiento. Se comportará como si nadie supiera de todo ello... y aún lo fingirá en su  fuero interno. Pues para todos los niños es muy importante estar seguros del amor y del apoyo de sus padres y  del medio. Este no querer saber (que incluye cierto elemento de venganza infantil) fácilmente puede ser transpuesto a otros campos. Una vez que el niño advierte que no es conveniente saber, no tarda en alimentar  verdadero temor al conocimiento... y finalmente se convierte en auténtico estúpido. Existe, como sabemos, sólo  un tipo de auténtico conocimiento... y es el que se relaciona con la humanidad. Si no permitimos su libre  desarrollo o, mejor dicho, si no sabemos orientarlo, ni le permitimos hallar formas compensatorias adecuadas,  fomentaremos artificialmente la estupidez de niños y de adultos. Crearemos inválidos sociales. Esta condición  psicológica generalmente acompaña al niño a medida que se transforma en adulto, y su expresión en el hombre o  en la mujer es también la estupidez. ¿Cuán a menudo hallamos personas incapaces de juzgar con independencia, de tomar sus propias decisiones, con prescindencia de lo que otros hagan? Si tienen alguna iniciativa, si  conciben un pensamiento original, sienten que no pueden estar en lo cierto. Pero apenas oyen o comprueban que  otros dicen o hacen lo que ellos habían pensado, se sorprenden o amargan, porque hubieran podido decir o hacer  lo mismo. La estupidez es el resorte tanto de las actitudes antisociales como de los casos extremos de  conformismo... engendra tanto a los anarquistas como a las masas gregarias de los países totalitarios. Es  indicio del oculto temor al conocimiento el hecho de que la gente introduzca constantemente en su conversación  las expresiones: "No lo sé", o "¿No le parece?" Cuando desean decir algo profundo o importante, empiezan por  disculparse, porque no se sienten seguros de sí mismos. Otra fuente de estupidez, como ya hemos visto, es la  duda. Se expresa bajo la forma de una aparente parálisis cerebral. Ocurre a menudo que el dudoso encara los  problemas con claridad y sensatez; el inconveniente reside en que duda de su propio conocimiento, en que no confía en su propio saber. También puede considerar que todos los problemas tienen dos aspectos, y que cada  problema admite dos soluciones... y debido a las dudas que lo aquejan, teme expresar cualquiera de ellas.  Muchos procuran superar esas dudas mediante la burla y el cinismo. Lo consiguen... pero sólo superficialmente,  pues en lo más hondo de la personalidad persiste el sentimiento de inseguridad. El origen de la estupidez puede  hallarse en la infancia, en la duda y también en la vida de los instintos. O la víctima es ignorante, y está insegura de que sus deseos sean ética y socialmente correctos, o sus emociones y sus deseos chocan entre sí, y  este conflicto provoca la duda que influye todas las funciones mentales, domina los procesos del pensamiento y  por lo tanto engendra estupidez. Es el fenómeno que denominamos "ambivalencia". Tiene muchas formas: odio y  amor, actividad y pasividad, características masculinas y femeninas que luchan unas con otras. Estas fuerzas opuestas pero de igual intensidad convierten al espíritu en permanente campo de batalla. La estupidez libera al  hombre de este doloroso estado; y aunque la estupidez es esencialmente una condición dolorosa, el sufrimiento  es en ella menor que cuando se padecen los tormentos de la duda. Por consiguiente, a la frívola pregunta:  "¿Hace bien ser estúpido?", a veces podemos responder afirmativamente. Sin embargo, el hombre psicológicamente  sano no puede ser estúpido. Créase o no en el psicoanálisis y terapias semejantes, no es exageración afirmar que uno de los más importantes y de los más felices descubrimientos de nuestro siglo es el siguiente  concepto, rara vez bien comprendido: Sabemos ahora que la estupidez es un problema de carácter médico... y por  consiguiente, la estupidez es curable. Suponiendo, naturalmente, que alguien quiera ser curado."

CONCLUSIONES

Me desilusionó el libro porque pensé que sería más gracioso que critica sociopolíticocultural; pero tiene dos que tres partes que lo salvan

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