Literatura y filosofía

El contrato social. Juan Jacobo Rousseau (6/12)

 CAPÍTULO VII: DEL LEGISLADOR


“Para descubrir las mejores reglas sociales que convienen a las naciones, sería preciso una inteligencia superior capaz de penetrar todas las pasiones humanas sin experimentar ninguna; que conociese a fondo nuestra naturaleza sin tener relación alguna con ella; cuya felicidad fuese independiente de nosotros y que por tanto desease ocuparse de la nuestra; en fin, que en el transcurso de los tiempos, reservándose una gloria lejana pudiera trabajar en un siglo para gozar en otro. Sería menester de dioses para dar leyes a los hombres” (O bien, una raza extraterrestre o una máquina. ¿Con la inteligencia artificial nos estaremos acercando a una época de oro en la humanidad donde seamos mascotas de las máquinas?)


¿Despojar la naturaleza? ¿Y dices que hay que tomar ejemplo de la naturaleza para la ley? Te contradices, Juan. ¿Quién sabe más, tú o cientos de millones de años de evolución? Bruto, la naturaleza es nuestra base y sustento


Para que el pueblo acepte la ley, no se puede emplear la fuerza ni el razonamiento, entonces se recurre a la religión. ¿Ya ven cómo sí era crear un nuevo dios a quien adorar?


CAPÍTULO VIII: DEL PUEBLO


No se pueden dar buenas leyes a un mal pueblo. Sólo se puede dar buenas leyes cuando un pueblo es joven, ya viejo es incorregible. La solución para estos pueblos es un amo “(...) pueblos libres, recordad esta máxima: “La libertad puede adquirirse; pero jamás se recobra”. ¿No es precisamente lo que estaba tratando de aniquilar, a los amos sobre el pueblo? ¿No es precisamente lo que quiere hacer con Francia, recobrar la libertad? Pinche Juan, no sabe ni para dónde batea


CAPÍTULO IX: CONTINUACIÓN


El país geográficamente hablando, debe ser lo suficientemente grande para que pueda ser autosustentable, y lo suficientemente pequeño para que sea gobernable


CAPÍTULO X: CONTINUACIÓN


Habla del número idóneo de habitantes respecto a la ubicación geográfica. Yo voy por el número Dunbar


CAPÍTULO XI: DE LOS DIVERSOS SISTEMAS DE LEGISLACIÓN


El mayor bien que persigue toda legislación, se reduce en 2 cosas: Libertad e igualdad


El poder, que “esté al abrigo de toda violencia y que no se ejerza jamás sino en virtud del rango y de acuerdo a las leyes”


La riqueza: “que ningún ciudadano sea suficientemente opulento para poder comprar a otro, ni ninguno bastante pobre para ser obligado a venderse” (Por fin, algo en lo que estamos de acuerdo)


CAPÍTULO XII: DIVISIÓN DE LAS LEYES


“(...) en buen derecho, un pueblo es siempre dueño de cambiar sus leyes”


Tipos de leyes:

  1. Leyes políticas y fundamentales: Relación del soberano con el estado, o del todo con el todo

  2. Leyes civiles: Relación de los miembros entre sí o con el cuerpo entero. Deben ser independientes entre sí y dependientes del estado

  3. Leyes penales: Relación hombre-ley. La sanción de todas las demás leyes

  4. Las costumbres


LIBRO III


CAPÍTULO I: DEL GOBIERNO EN GENERAL


“(...) no conozco el arte de ser claro para quien no parece ser atento” (Pero tampoco eres claro de ninguna otra manera)


Así como toda acción requiere de voluntad y la fuerza, la voluntad en política es el legislativo y la fuerza es el ejecutivo


El legislativo pertenece al pueblo; pero el ejecutivo no pertenece ni al pueblo ni al soberano, sino al gobierno. Y ojo, que aquí Juan va a hacer un revoltijo de términos. Olviden todo lo que han aprendido de los términos y síganle el rollo, de todos modos, su filosofía es obsoleta e inútil, solo nos va a servir para medio entender qué relajo pasó en los años venideros gracias a él y sus amigotes


“(...) el poder ejecutivo no puede pertenecer a la generalidad como legislador o soberano (...) Es ésta la razón del gobierno en el Estado”


“(...) ¿qué es el gobierno? Un cuerpo intermediario establecido entre los súbditos y el soberano para su mutua comunicación, encargado de la ejecución de las leyes y del mantenimiento de la libertad tanto civil como política. Los miembros de este cuerpo se llaman magistrados o reyes, es decir, gobernadores, y el cuerpo entero príncipe” (¿Ven por qué les pedí que olvidaran todo lo que sabían de estos términos? En su mismo libro él dice que la soberanía recae en el pueblo; pero ahora los separa pueblo y soberano, ampliando ahora a un tercero que es el gobierno, un intermediario representante; pero dijo que los representantes no sirven para nada y que es perjudicial no hacerse responsable de sus deberes al delegar. Esta forma en la que enreda las cosas deja en claro que es solo una artimaña para acomodar los términos a su interés personal. Claro que muchos que lo adoran y lo han estudiado le siguen el rollo y lo veneran como el más grande pensador; pero vamos, que una leída a su libro nos deja en claro que no puede ni separar capítulos coherentemente, y que no tiene interés en ser claro. Un sociópata manipulador)


“(...) los ciudadanos, soberanos por un lado y súbditos por el otro” (En ninguna parte de la naturaleza encontramos tal idiotez. O se es una cosa o se es otra. No ambas en el mismo estado. Un hombre puede dar órdenes y ser sumiso; pero lo primero lo hará como padre y lo segundo como hijo. Nunca será ambos a la vez. El ciudadano común no puede tener ambos estados siempre, porque sería admitir que un joven de 20 es tan capaz de hacer leyes como un hombre de 50, o aquel senil y decadente mental de 90 es mejor que el de 50. O que un inculto de 50 es más o igualmente capaz que un prodigio de 30. Es, por naturaleza práctica, improcedente; aquí la lógica difusa no es aplicable, o al menos no en ese aspecto)


“(...) no solamente diferentes gobiernos pueden ser buenos a diversos pueblos, sino a uno mismo en diferentes épocas”


Tratando de poner un poco de orden en sus definiciones, con conocimientos sacados fuera de su libro pero explicado en sus términos:

La soberanía es la autoridad de regular

El pueblo libre es soberano de sí mismo (se regula porque es libre)

El regular es precisamente, hacer las leyes que necesita (el pueblo tiene poder legislativo, que idealmente deben ser legisladores, en algunos lugares los llaman senadores)

Los diputados están de más, no pueden más que ser portavoces de lo que el pueblo dice, y deben tomar todas las voces de cada miembro del pueblo

Al aceptar todos las leyes, se vuelven súbditos de éstas

Para hacer valer las leyes, se necesita un gobierno, el cual es el poder ejecutivo

El gobierno puede tomar varias formas dependendiendo de la necesidad del pueblo, y debe ser este poder tomado por un intermediario (llamado magistrado) que cuide a la soberanía del pueblo y al pueblo de la soberanía

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El contrato social. Juan Jacobo Rousseau (5/12)

 CAPÍTULO IV: DE LOS LÍMITES DEL PODER SOBERANO


Así como una persona física tiene poder absoluto sobre todos sus miembros, el estado, que es una persona moral, también tiene poder absoluto sobre sus miembros. Este poder es la soberanía


La privacidad de la persona depende de la necesidad de la comunidad


Lo anterior está fundamentado en que nadie pedirá algo, ni hará algo, que sea contradictorio al bien común; pero éste, precisamente, es el error que derrumba su propia idea, ya que la realidad dice todo lo contrario


Ahondando más. Si una persona comete un crimen y esconde evidencia en su casa, la ley puede pedir un cateo; pero, ojo, que un grupo corrupto puede hacer lo mismo para incriminar a alguien, a fin de cuentas, es la necesidad de la comunidad mantener su status de poder. A fin de cuentas, el pueblo es el ejecutivo. ¿Ven el peligro?


“(...) ¿Qué es, pues, lo que constituye propiamente un acto de soberanía? No es un convenio del superior con el inferior, sino del cuerpo con cada uno de sus miembros; convención legítima, porque tiene por base el contrato social; equitativa, porque es común a todos; útil, porque no puede tener otro objeto que el bien general, y sólida, porque tiene como garantía la fuerza pública y el poder supremo” 


Lo anterior es erróneo, porque el pulmón tiene función distinta a la del riñón y éstos dos, del corazón. ¿Es igual aquel que no conoce las leyes, la historia, la tradición, la ética, con aquel que sí? ¿Por qué ambos deben tener igualdad de derecho de dirigir y opinar el uno sobre el otro?


CAPÍTULO V: DEL DERECHO DE VIDA Y MUERTE


“(...) El que quiere el fin quiere los medios” (Ojo, que es no lo dijo Nicolás Maquiavelo, a quien tachan de maldito hijo de perra, sino Juan Jacobo Rousseau a quien tachan de humanista)


“(...) el ciudadano no es juez del peligro a que la ley lo expone, y cuando el soberano dice: “Es conveniente para el Estado que tú mueras”, debe morir” (Curioso que quien es el último en morir es el gobernante. ¿Dónde está la igualdad?)


Estoy de acuerdo en que quien infringe el pacto debe ser desterrado, o muerto si es enemigo público, lástima que eso es relativo a quienes tienen el poder, por lo que nunca se aplicará correctamente. Pero suponiendo que sí es culpable y la sentencia es justa. ¿No es mejor usarlos para experimentos que en otros casos serían no éticos? No creo que nadie se queje de que en lugar de conejillos de indias usen a pedófilos


“(...) En un estado bien gobernado, hay pocos castigos, no porque se concedan muchas gracias, sino porque hay pocos criminales”


CAPÍTULO VI: DE LA LEY


“Por el acto pacto social hemos dado existencia y vida al cuerpo político, trátase ahora de darle movimiento y voluntad por medio de la ley”


“(...) Lo que es bueno y conforme al orden, lo es por la naturaleza de las cosas e independientemente de las convenciones humanas” (Pero lo bueno es relativo… así como que te falta más filosofía)


“(...) no hay voluntad general sobre un objeto particular” (Entonces la voluntad general no es todo poderosa como las has venido pintando)


La ley es siempre general, jamás particular


“(...) Entiendo, pues, por república todo estado regido por leyes” (Otra definición más. Nadie se pone de acuerdo en qué es esa fregadera de república)


“(...) El pueblo sumiso a las leyes, debe ser su autor” (¿No es precisamente la sumisión ciega lo que querías eliminar?)


Poco después, reconoce que no todos están capacitados para hacer leyes, por lo que se necesita un legislador


Básicamente este capítulo es un resumen de cómo tener un nuevo dios a quien adorar ciegamente. Es estúpido de pies a cabeza todo el concepto democrático

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El contrato social. Juan Jacobo Rousseau (4/12)

 CAPÍTULO VIII: DEL ESTADO CIVIL


“(...) el hombre pierde su libertad natural y el derecho ilimitado a todo cuanto desea y puede alcanzar, ganando en cambio la libertad civil y la propiedad de la que posee” (Con esto abres la puerta a lo absurdo, tiránico y abusivo que querías evitar con el cierre de tu capítulo anterior. Rechazar la  naturaleza es rechazar lo único verdaderamente sabio y bueno que podemos tener. Limitar o quitarle el derecho natural a alguien es cortarle las alas. Tú, Juan, muy mal)


“(...) no es mi intención averiguar aquí el sentido filosófico de la palabra libertad” (Me queda claro que no tienes esa intención, porque no puedes hacerlo)


Podrían los antimonárquicos decir que con esto derrumbo mi única defensa de ese sistema. Eso lo será para quienes fundamentan el poder del rey en algo superior. Para mí, un rey sí debe en representación de la soberanía, dar garantías a los súbditos; además de que los súbditos no se enajenan a él, sino que ponen todas sus habilidades y potencias naturales a disposición de alguien que ha dedicado su vida a saber administrar un país. El rey elegirá al mejor, y el súbdito debe sentirse feliz de ser elegido para un encargo, y hacerlo lo mejor posible, ya que ambos, soberano y súbdito, desean lo mejor para la sociedad y el país, que es la herencia a nuestros hijos


CAPÍTULO IX: DEL DOMINIO REAL


Condiciones para ser dueño de un terreno:

  1. Que no esté ocupado por otro

  2. Que no se ocupe más que la parte necesaria para subsistir (Algo así como infonavit, que solo te da un techo mal construido para comer, dormir y cagar, o como en Corea, en donde solo tienes derecho a un techo para dormir. Pinche Juan y sus mamadas. ¿Cuánto es suficiente para subsistir?)

  3. Que se tome posesión de él mediante el trabajo y el cultivo (¿Y qué sucede si no la trabaja o la echa a perder? ¿Qué sucede si el terreno no es útil para subsistir?)


LIBRO II


CAPÍTULO I: LA SOBERANÍA ES INALIENABLE


“(...) no siendo la soberanía sino el ejercicio de la voluntad general, jamás deberá enajenarse y que el soberano, que no es más que un ser colectivo, no puede ser representado sino por él mismo: el poder se transmite, pero no la voluntad” (¿Cómo piensas que funcione todo con un ser abstracto como soberano? Ah, sí, El Gran Hermano)


CAPÍTULO II: LA SOBERANÍA ES INDIVISIBLE


En algo estamos de acuerdo, a ver si pasa más allá del título este acuerdo


“La soberanía es indivisible por la misma razón que es inalienable, porque la voluntad es general o no lo es” (Respecto a esto, hay una nota al pie de página) “Para que la voluntad sea general, no es siempre necesario que sea unánime; pero sí es indispensable que todos los votos sean tenidos en cuenta. Toda exclusión formal destruye su carácter de tal” (Perdón pero ya no estoy de acuerdo, el mismo Juan dijo que sí debía serlo. Y aunque así fuese, y un voto estuviera en contra, ya no sería voluntad general, ni libertad. Juan dice que se le obliga al que estuvo en contra a estar dentro del sistema. ¿Qué otro remedio le queda más que irse? Y de uno en uno la sociedad desaparece)


Respecto a lo anterior, la voluntad general no es más que una estadística, y éstas pueden ser manipuladas, o bien, su interpretación acomodada a la necesidad de quien lo necesite. La democracia es la dictadura de la mayoría. Hay leyes que son universalmente aceptadas, y entre menos haya, mejor. Una sociedad que necesita muchas reglas es una sociedad decadente. Pero bueno, ese es tema para otro momento, que esto se trata de mis notas a la obra de Juan


“Pero nuestros políticos, no pudiendo dividir la soberanía en principio, la dividen en sus fines y objetivos”


CAPÍTULO III: DE SI LA VOLUNTAD GENERAL PUEDE ERRAR


Resumen: Sí, puede errar; pero veamos qué dice Juan


El pueblo siempre quiere el bien; pero se le puede engañar, por lo que no siempre comprende qué es lo mejor para sí


Esa falacia del pueblo bueno es una estupidez. Tampoco el pueblo es sabio


“Importa, pues, para tener una buena exposición de la voluntad general, que no existan sociedades parciales en el Estado, y que cada ciudadano opine de acuerdo con su modo de pensar” (O sea, nada de pluralidad, y la mejor forma es que todos demuestren que piensan como yo)


En sociedades más homogéneas la situación es más fácil porque tienen la misma cosmovisión; pero aún así hay puntos de vista distintos, así que, ¿qué tanto está dispuesto Juan a reprimir a quienes no piensan igual para cumplir su deseo de que no existan sociedades parciales? En sociedades donde hay varias tribus con diferentes cosmovisiones, nada de esto se puede aplicar, dando entonces pie a un emperador que unifique. Otra derrota más para la democracia

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El contrato social. Juan Jacobo Rousseau (3/12)

 CAPÍTULO V: NECESIDAD DE RETROCEDER A UNA CONVENCIÓN PRIMITIVA


¿Será este capítulo un ejemplo de que dar un paso atrás no es retroceder sino tomar vuelo? Veamos


Un tirano, al morir, mata con él a su gobierno. En cambio, el estado subsiste a la muerte de un rey porque el pueblo lo eligió. Entonces, al ser más antiguo el pueblo que el gobierno, hay que remontarnos a sus orígenes


“(...) ¿con qué derecho, ciento que quieren un amor, votan por diez que no lo desean?” (Pide unanimidad, como si eso fuera posible, por lo tanto, la democracia es improcedente)


CAPÍTULO VI: DEL PACTO SOCIAL


“(...) como los  hombres no pueden engendrar nuevas fuerzas, sino solamente unir y dirigir las que existen, no tienen otro medio de conservación que el de formar por agregación una suma de fuerzas capaz de sobrepujar la resistencia” (Es decir, unirse para sobrevivir)


“ “Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja con la fuerza común la persona y los bienes de cada asociado, y por la cual cada uno, uniéndose todos, no obedezca sino a sí mismo y permanezca tan libre como entero”. Tal es el problema fundamental cuya solución da el Contrato Social” (¡Ah! ¿Neta? Te voy a seguir leyendo porque no te la creo)


El contrato tiene una cláusula: “la enajenación total de cada asociado con todos sus derechos a la comunidad entera”. ¿Veo un precomunismo? Oye, Juan, si todos somos iguales, ¿qué tal si embarazo a tu esposa? ¡No sería adulterio, pues tú y yo somos iguales!


El pacto social queda reducido a los términos siguientes: “Cada uno pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general, y cada miembro considerado como parte indivisible del todo”


Juan define los siguientes términos, que él mismo confirma, suelen confundirse:

  1. Ciudad: “Antiguo nombre de la persona pública que se constituye así,” (en términos del pacto social) “por la unión de todos los demás” 

  2. República o cuerpo político: Nuevo nombre de la ciudad

  3. Estado: República activa

  4. Potencia: República comparada con sus semejantes

  5. Pueblo: Nombre colectivo de los asociados en el pacto

  6. Ciudadanos: Nombre particular de los asociados, partícipes de la autoridad soberana

  7. Súbditos: Por estar sometidos a las leyes del estado


A ver, Juan, así como definiste lo anterior, ¿por qué no me defines claramente qué es la “voluntad general”? Para mí es de lo más abstracto. La voluntad de mis ancestros no puede ser igual a la mía, ni a la de mis descendientes. Tampoco puede ser mi voluntad igual a la de mis contemporáneos sin importar si están cerca o lejos de mí. Puedes decir que es el bienestar; pero ¿qué es el bienestar para cada quién? ¿Acaso no es tu error el creer que todos somos iguales, cuando en realidad todos somos diferentes y aspiramos a distintas cosas? Lo que origina esta disparidad de caracteres no es sólo la diversidad de oficios, sino también las clases sociales


CAPÍTULO VII: DEL SOBERANO


“(...) Esto no significa que este cuerpo no pueda perfectamente comprometerse con otros, en cuanto no deroguen el contrato, pues con relación al extranjero, conviértase en un ser simple, en un individuo” (¿Por qué te contradices? Si según tú todos son iguales y tienen una única voluntad al entrar en contacto con otros “cuerpos” es un individuo, ¿no está traicionando la voluntad general al pensar sólo en él?)


La soberanía recae en todos los súbditos, por lo tanto todos son soberanos, haciendo que no se puedan ejercer leyes contra los súbditos, porque sería autodañarse. Todo eso suena muy bien; pero incluso en la naturaleza del cuerpo, quien no puede en su sano estado autodañarse, hay un gobernador (cerebro), un recolector de nutrientes (intestino), un triturador (estómago), un ejército (glóbulos blancos), etc., ¿por qué en el estado todos deben ser iguales y soberanos?


“(...) la soberanía no tiene necesidad de dar ninguna garantía a los súbditos (...) Pero no resulta así con los súbditos respecto del soberano, al cual, a pesar del interés común, nada podría responderle de sus compromisos si no encontrase medios de asegurarse de su fidelidad” (¿No se te hace injusto? Precisamente por eso estamos como estamos)


“En efecto, cada individuo puede, como hombre, tener una voluntad contraria o desigual a la voluntad general que posee como ciudadano” (En base a lo anterior, el pacto social se encargará de que) “(...) cualquiera que rehuse obedecer a la voluntad general, será obligado a ello por todo el cuerpo; lo cual no significa otra cosa sino que se le obligará a ser libre” (¿Otra contradicción? ¿Cuántas vas a hacer? ¿Qué es la libertad para ti? Eso suena más a una dictadura de estado como la de 1984)
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El contrato social. Juan Jacobo Rousseau (2/12)

 ADVERTENCIA


“Este tratadito ha sido extractado de una obra más extensa, emprendida sin haber consultado mis fuerzas y abandonada tiempo ha. De los diversos fragmentos que podían extraerse de ella, éste es el más considerable y el que me ha parecido menos indigno de ser ofrecido al público. El resto no existe ya”


LIBRO I


Tesis: Investigar si existe alguna forma de administración legítima y permanente que mantenga en armonía constante lo que el derecho permite con lo que el interés prescribe, a fin de que la justicia y la utilidad no resulten divorciados


CAPÍTULO I: OBJETO DE ESTE LIBRO


“El hombre ha nacido libre, y sin embargo, vive en todas partes entre cadenas” (Para ti, Juan, ¿qué es la libertad? Porque en verdad te digo que el hombre no nace libre. Es esclavo del aire para vivir, es esclavo de la gravedad que le impide volar, es esclavo de su cuerpo con sus limitaciones)


“(...) En tanto que un pueblo está obligado a obedecer y obedece, hace bien; tan pronto como puede sacudir el yugo, lo sacude, obra mejor aún, pues recobrando su libertad con el mismo derecho con que le fue arrebatado, prueba que fue creado para disfrutar de ella. De lo contrario, no fue jamás digno de arrebatársela”


El orden social no es un derecho natural. Hay que ver sobre cuáles convenciones está fundado


CAPÍTULO II: DE LAS PRIMERAS SOCIEDADES


“La más antigua de todas las sociedades, y la única natural, es la de la familia” (Esta persiste mientras los hijos no son aptos para ser independientes. Una vez logrado esto, el lazo natural se rompe, y si persiste la familia, es por convención voluntaria)


Calígula, Grotio, Hobbes y Aristóteles concuerdan en que los hombres no nacen iguales pues unos deben gobernar y otros ser gobernados (Quisiera creer lo contrario; pero la experiencia me dice que tienen toda la razón)


Juan dice que lo anterior se debe a que se toma el efecto por la causa, es decir, que por efecto de que nacen esclavos, se les trata como tal. Yo digo que hay naturalezas pusilánimes, que no pueden tener autoridad, naturalezas estúpidas que no pueden tomar decisiones, naturalezas viles a las que no se les debe dar el poder. Mientras que unos nacen con ciertas habilidades y otros no. Este complemento de habilidades da un lugar en la sociedad y hace que si el individuo está en su sitio, sea más feliz


CAPÍTULO III: DEL DERECHO DEL MÁS FUERTE


No es válido argumentar que el derecho es el del más fuerte, porque si llega otro más fuerte y cambia la ley, cambiará el derecho, y éste no puede ser tan voluble


CAPÍTULO IV: DE LA ESCLAVITUD


Hace ver a un rey como un parásito. En verdad que ha habido personas así; pero también monarcas excelentes. Entonces, si la fuerza no es motivo de derecho, debe fundarse el derecho en algo abstracto, para que quien tenga el poder, deba someterse a él. Así, cualquier forma de gobierno será bien recibida, pues ni rey, ni presidente, ni aristócrata podrá abusar de su autoridad. Sin embargo, Juan viene de una muy mala experiencia. Hay que comprender que quiera acabar con el problema de raíz


“(...) Sería, pues, necesario para que un gobierno arbitrario fuese legítimo, que a cada generación del pueblo fuese dueño de admitir o rechazar sus sistemas, y en caso semejante la arbitrariedad dejaría de existir” (Va, te la compro sólo en un mundo ideal donde la nueva generación tenga el conocimiento y la sabiduría para decidir el mejor modelo a seguir; pero como eso se consigue (si se consigue) ya estando cerca de la muerte, volvemos al círculo vicioso de que la generación actual o estará gobernada por quien quiera, y cuando lo haga, ya no lo podrá disfrutar)


“(...) despojarse de la libertad es despojarse de la moralidad”


“(...) ¿No es claro que a nada se está obligado con aquel a quien hay el derecho de exigirle todo? (La verdad, la verdad, la verdad, no. ¿Me explicas con más calma? Suena más a berrinche que a argumento) “¿Qué derecho podrá tener mi esclavo sobre mí, ya que todo lo que posee me pertenece y puesto que siendo su derecho el mío, tal derecho contra mí mismo sería una palabra sin sentido alguno? (Aaah, gracias… ¡hablo con los muertos!)


En algo estoy de acuerdo con Juan, y es que la esclavitud no debe existir. Si las personas se asocian, ya sea por conveniencia o mostrando amor, debe ser algo consensual. Ni los animales deben ser esclavos, ni las plantas. Si quieren mascotas o plantas es para que sean lo que son, sino, ¿para qué los tienes? De igual manera, si alguien te perjudica en algo, ¿para qué sigues con esa persona?


“(...) no son más que abusos del gobierno feudal, sistema absurdo, si sistema puede llamarse” (Te salió del alma, jejeje)


*Muy probablemente humanistas y enciclopedistas me echen pleito por la supuesta contradicción de ser monárquico sin aceptar esclavitud. En este texto los dejaré en su ignorancia. En mi texto sobre las formas de gobierno encontrarán la respuesta

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