CAPÍTULO VIII: DEL ESTADO CIVIL
“(...) el hombre pierde su libertad natural y el derecho ilimitado a todo cuanto desea y puede alcanzar, ganando en cambio la libertad civil y la propiedad de la que posee” (Con esto abres la puerta a lo absurdo, tiránico y abusivo que querías evitar con el cierre de tu capítulo anterior. Rechazar la naturaleza es rechazar lo único verdaderamente sabio y bueno que podemos tener. Limitar o quitarle el derecho natural a alguien es cortarle las alas. Tú, Juan, muy mal)
“(...) no es mi intención averiguar aquí el sentido filosófico de la palabra libertad” (Me queda claro que no tienes esa intención, porque no puedes hacerlo)
Podrían los antimonárquicos decir que con esto derrumbo mi única defensa de ese sistema. Eso lo será para quienes fundamentan el poder del rey en algo superior. Para mí, un rey sí debe en representación de la soberanía, dar garantías a los súbditos; además de que los súbditos no se enajenan a él, sino que ponen todas sus habilidades y potencias naturales a disposición de alguien que ha dedicado su vida a saber administrar un país. El rey elegirá al mejor, y el súbdito debe sentirse feliz de ser elegido para un encargo, y hacerlo lo mejor posible, ya que ambos, soberano y súbdito, desean lo mejor para la sociedad y el país, que es la herencia a nuestros hijos
CAPÍTULO IX: DEL DOMINIO REAL
Condiciones para ser dueño de un terreno:
Que no esté ocupado por otro
Que no se ocupe más que la parte necesaria para subsistir (Algo así como infonavit, que solo te da un techo mal construido para comer, dormir y cagar, o como en Corea, en donde solo tienes derecho a un techo para dormir. Pinche Juan y sus mamadas. ¿Cuánto es suficiente para subsistir?)
Que se tome posesión de él mediante el trabajo y el cultivo (¿Y qué sucede si no la trabaja o la echa a perder? ¿Qué sucede si el terreno no es útil para subsistir?)
LIBRO II
CAPÍTULO I: LA SOBERANÍA ES INALIENABLE
“(...) no siendo la soberanía sino el ejercicio de la voluntad general, jamás deberá enajenarse y que el soberano, que no es más que un ser colectivo, no puede ser representado sino por él mismo: el poder se transmite, pero no la voluntad” (¿Cómo piensas que funcione todo con un ser abstracto como soberano? Ah, sí, El Gran Hermano)
CAPÍTULO II: LA SOBERANÍA ES INDIVISIBLE
En algo estamos de acuerdo, a ver si pasa más allá del título este acuerdo
“La soberanía es indivisible por la misma razón que es inalienable, porque la voluntad es general o no lo es” (Respecto a esto, hay una nota al pie de página) “Para que la voluntad sea general, no es siempre necesario que sea unánime; pero sí es indispensable que todos los votos sean tenidos en cuenta. Toda exclusión formal destruye su carácter de tal” (Perdón pero ya no estoy de acuerdo, el mismo Juan dijo que sí debía serlo. Y aunque así fuese, y un voto estuviera en contra, ya no sería voluntad general, ni libertad. Juan dice que se le obliga al que estuvo en contra a estar dentro del sistema. ¿Qué otro remedio le queda más que irse? Y de uno en uno la sociedad desaparece)
Respecto a lo anterior, la voluntad general no es más que una estadística, y éstas pueden ser manipuladas, o bien, su interpretación acomodada a la necesidad de quien lo necesite. La democracia es la dictadura de la mayoría. Hay leyes que son universalmente aceptadas, y entre menos haya, mejor. Una sociedad que necesita muchas reglas es una sociedad decadente. Pero bueno, ese es tema para otro momento, que esto se trata de mis notas a la obra de Juan
“Pero nuestros políticos, no pudiendo dividir la soberanía en principio, la dividen en sus fines y objetivos”
CAPÍTULO III: DE SI LA VOLUNTAD GENERAL PUEDE ERRAR
Resumen: Sí, puede errar; pero veamos qué dice Juan
El pueblo siempre quiere el bien; pero se le puede engañar, por lo que no siempre comprende qué es lo mejor para sí
Esa falacia del pueblo bueno es una estupidez. Tampoco el pueblo es sabio
“Importa, pues, para tener una buena exposición de la voluntad general, que no existan sociedades parciales en el Estado, y que cada ciudadano opine de acuerdo con su modo de pensar” (O sea, nada de pluralidad, y la mejor forma es que todos demuestren que piensan como yo)
En sociedades más homogéneas la situación es más fácil porque tienen la misma cosmovisión; pero aún así hay puntos de vista distintos, así que, ¿qué tanto está dispuesto Juan a reprimir a quienes no piensan igual para cumplir su deseo de que no existan sociedades parciales? En sociedades donde hay varias tribus con diferentes cosmovisiones, nada de esto se puede aplicar, dando entonces pie a un emperador que unifique. Otra derrota más para la democracia















