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viernes, 24 de febrero de 2017

Prólogo de Viaje al oeste (Parte 6 de 12)

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Introducción (3/9) (Por Enrique P. Gatón e Imelda Huang)

d) Zoomorfismo de los protagonistas
Tan rico trasfondo literario no debe hacernos perder el hilo taoísta que hilvana toda la trama. En efecto, la identificación de los personajes principales con las Cinco Fases explica, a nuestro entender, por qué un héroe religioso popular como Tripitaka es acompañado en su largo viaje por unas figuras animales, que terminan restándole, particularmente Sun Wu-Kung, el primero de sus discípulos, todo protagonismo. Éste es uno de los puntos más estudiados por los especialistas, sin que haya podido llegarse hasta ahora a una explicación concluyente, debido, quizá, a un profundo desconocimiento de las creencias populares.

En la narración poética de la dinastía Sung (960 - 1280) Da - Tang San - Tsang Chü - chin Shr - hua se alude ya a la figura de un discípulo mono que ayuda al maestro a seguir adelante con su empeño. En el mismo siglo xiii el poeta Liou Ke - Chuang (1187 - 1269) alude incluso a la necesidad de que eso sea así, pero no explica las razones de semejante aserto. Tampoco lo hacen los textos de principios de las dinastías Tang (618 - 907) y Ming (1368 - 1644), que hablan de un mono blanco dotado de poderes extraordinarios, ni quienes han querido ver un precedente de Sun Wu-Kung en la divinidad acuática Wu Chr - Chi, o en ciertos personajes del Ramayana, o en alguno de los seguidores animales de Mu - Lian.

Aunque es probable que el autor de la novela conociera alguna de estas figuras - al dios acuático se le menciona, de hecho, en el capítulo LXVI, al tiempo que los textos hallados en Tun -Huang confirman la penetración en China de los personajes del Ramayana-, de la propia lectura del texto no se deduce una influencia significativa de esos seres de ficción en la gestación de los protagonistas de la novela o su característico modo de actuar. La explicación debe buscarse, según nuestro modo de ver, tanto en la identificación de los protagonistas con cada uno de los «wu - hsing», como en la estrecha relación que guardan con los principios de la alquimia interna.

Según el Nei - dan Huan - yüan Chüe (Fórmula para que el elixir interno retorne a los orígenes), el metal está relacionado con la secreción («chi») de los pulmones, la madera con la del hígado, y la tierra con la del bazo. Por otra parte, de la combinación de las secciones celestes («tian - kan») y de las divisiones terrestres («di - chr») se deduce que a la fase metal le corresponde la hora «shen», o del mono, a la fase madera la hora «hsi», o del cerdo, y a la fase tierra la hora «wu».

El autor ha tomado, pues, el simbolismo zoomórfico de esas medidas horarias para determinar los rasgos psicológicos de los protagonistas y dotarlos de una profunda carga taoístico - mística. Eso explica la sorprendente necesidad que Liou Ke - Chuang atribuía al carácter animal de los seguidores de Tripitaka. Sin él la novela perdería gran parte de la viveza, originalidad y humor que la han hecho tan atractiva a lo largo de los siglos.

Por muy inmortal y poderoso que sea Sun Wu-Kung, la práctica totalidad de sus travesuras carecerían de sentido si, en vez de ser realizadas por un mono humanizado, lo fueran por un maestro taoísta de ilimitados recursos. Los mismo habría que decir del cerdo Chu Ba-Chie, pues su ingenuidad, su desmedida afición a la comida, su rijosidad y su inveterada tendencia a hacer el ridículo se compaginarían muy mal con la personalidad de alguien que, en una existencia previa, había sido nada menos que almirante de la flota celeste.

Sin las travesuras de un mono capaz de dominar setenta y dos formas diferentes de metamorfosis y la tozudez de un cerdo cuya única ilusión es tener siempre la panza llena, Viaje al Oeste no sería más que un adusto tratado de alquimia interior conservado en alguna colección cualquiera gracias al afán recopilador de algún emperador letrado.

Hubiera perdido, así, ese atractivo que ha hecho posible su lectura durante siglos, hasta llegar a constituirse en uno de los clásicos indiscutibles de la humanidad, aunque, a decir verdad, su fuerza arranca, no tanto de su innegable vena humorística, como de la base ideológica seria que la sustenta.
 
II. Influencia budista
Si Viaje al Oeste ha resistido los avatares que han sacudido a la sociedad china desde el advenimiento de los Ching (1644 - 1911) hasta nuestros días, ha sido, en efecto, debido a la vitalidad de las dos corrientes de pensamiento que empapan cada una de sus páginas. Si el taoísmo hubiera sido coto cerrado de alquimistas e investigadores ociosos de lo exotérico, y no una fuerza que contribuyó a crear ese universo que conocemos por el nombre de cultura china, la novela sería un simple divertimento olvidado hace ya mucho tiempo.

Lo mismo debe afirmarse del budismo. Sin él la empresa que llevan a cabo nuestros héroes carecería totalmente de sentido, ya que su empeño estriba precisamente en la consecución de los textos sagrados de esa corriente religiosa.

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