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viernes, 7 de abril de 2017

Prólogo de Viaje al oeste (Parte 12 de 12)

Para ir a la parte 11, pica aquí

Introducción (9/9) (Por Enrique P. Gatón e Imelda Huang)


b) Autoría de la novela
A tal actitud abierta contribuían, igualmente, tanto el método de aprendizaje empleado por los propios literatos como la baja estima en la que se tenía a la novela y a sus creadores. El ideal literario chino no estribaba, en efecto, en la novedad de la trama o de los medios expresivos empleados, sino en la identificación con los modelos anteriores.

Esa postura conducía inevitablemente a una repetición exhaustiva de las obras del pasado, en las que se introducían por igual crasos errores y aciertos geniales. A estos últimos hay que atribuir tanto la deslumbrante vitalidad de la literatura china como su posterior decadencia, ya que no existe, en efecto, mayor enemigo de las artes que la rutina.

De ella se libró, afortunadamente, el autor de la versión definitiva, consiguiendo integrar en una obra de cien capítulos los temas más sobresalientes de una larga tradición multisecular. Teniendo en cuenta el carácter fragmentario de los antecedentes que han llegado hasta nosotros, nunca sabremos qué aportaciones son originales suyas y cuáles se deben a la labor de los hombres de letras que le precedieron. De lo que sí estamos seguros es de su profunda capacidad literaria, ya que realizó una dificilísima síntesis de materiales sumamente diversos, a los que fundió en el crisol de la genialidad con el fuego de la poesía, el drama, la filosofía y la religión.

A pesar de su reconocida maestría, su personalidad continúa siendo un misterio. No podía ser de otra forma en una época en la que la novela era considerada un mero divertimento del populacho, indigno por completo de las clases superiores. Aunque existen referencias indicativas del alto interés que los intelectuales sentían por ese tipo de narraciones, públicamente seguían afirmando la superioridad de la poesía y los relatos históricos, con su pesada carga didáctica y moralizante.

Mostrar la más mínima curiosidad por las historias que tanto deleitaban al pueblo hubiera supuesto un auténtico suicidio intelectual, pues el valor de las grandes obras del pasado se asentaba tanto sobre sus innegables valores estéticos, como sobre el prestigio de los hombres de letras que las patrocinaron. Ésta no era un actitud exclusiva del ámbito literario, sino que se extendía a todas las artes. Las grandes muestras pictóricas se convirtieron, de hecho, en espacios en los que los grandes poetas, calígrafos y
políticos de su tiempo estampaban sus sellos y sus opiniones. La firma de un hombre de prestigio valía mucho más que la profundidad de esas visiones plasmadas sobre un rollo de seda para poder ser, más que vistas, meditadas. Poco podía aportar a una obra de arte la aprobación de la gente sencilla que llenaba los mercados y se agolpaba en las explanadas de los templos.

Sin embargo, para llevar a cabo la armonización de elementos tan dispares como son los que componen el Viaje al Oeste, se precisaba la aportación de un literato experimentado y de gran capacidad expresiva. Se han barajado, a este respecto, muchos nombres, pero ninguno ha despertado un interés tan vivo como el de Wu Cheng - En. 

Nacido hacia el año 1500 en Shan - Yang, distrito perteneciente a la prefectura de Huai - An - Kiangsu -, ejerció diferentes puestos en la administración, alcanzando en 1544 un cargo de grado medio en el departamento de finanzas. Adscrito al movimiento «Hou Chi Tse» («Los Siete Sabios de los últimos tiempos»), que propugnaba la imitación de los modelos clásicos, fue conocido y respetado por su facilidad poética, su desbordante buen humor y su interés por lo fantástico y exotérico.

Todos estos elementos se hallan presentes en cada una de las páginas de la obra que nos ocupa, pero su asignación a Wu Cheng - En se basa en las compilaciones imperiales posteriores a su muerte, acaecida en 1582. La primera en establecer esa conexión entre
el literato y Hsi - You Chi fue el Diccionario Geográfico de Huai - An, que vio la luz durante el reinado del emperador Tian - Chi (1621 - 1627).

A finales de ese mismo siglo vuelve a atribuírsele la autoría de la novela en el Cian - ching - tang Shu - mu, un catálogo de obras literarias, aunque aparece registrada en la sección geográfica y el epígrafe histórico. Bajo esa misma adscripción se halla incluida
en un nuevo Diccionario Geográfico de Huai - An, recopilado en tiempos del emperador Kanghsi (1662 - 1722), así como en el Diccionario Geográfico del Distrito de Shan - Yang, compilado, a su vez, durante el reinado del emperador Tung - Chr (1862 - 1874).
De estas conexiones se hicieron eco escritores tan prestigiosos como el crítico Wu Yü-Chin (1698 - 1773) y el especialista en literatura clásica Ding - Yen (1794 - 1875). 

Sorprende, a pesar de todas estas referencias, que ni Shr De-Tang, ni Chen Yüan-Chr, ni Tang Kuang-Lu, ni el respetado crítico Li - Chr no sólo no mencionen a su contemporáneo Wu Cheng - En como autor de la novela, sino que explícitamente declaran que desconocen el nombre del literato que la redactó. Por otra parte, la obra a la que se refiere el Diccionario Geográfico de Huai-An de principios del siglo xvii podría muy bien tratarse de una versión más del Hsi-You Chi, distinta de la que hoy conocemos. De todas formas, no podrá aventurarse una hipótesis fiable hasta que no se
haya completado la investigación sobre las conexiones existentes entre los componentes internos de la novela y los de los escritos de Wu Cheng - En que han llegado hasta  nosotros. De momento, lo único que puede afirmarse es la probabilidad de que el autor de la obra sea, en efecto, el literato fallecido diez años antes de su publicación con la longitud y estructura que hoy conocemos.

Bástenos recalcar que constituye el punto final de una larga tradición iniciada mil años antes, que tomó diferentes formas expresivas con el paso del tiempo. Constituye, de esa forma, una síntesis armoniosa de los modos de hacer chinos de los siglos vil al xv, abarcando dinastías tan ricas, literariamente hablando, como la Suei (581 - 618), la Tang (618 - 907), la Sung (960 - 1280), la Yüan (1280 - 1368) y la Ming (1368 - 1644).

Lo que han hecho, en realidad, obras tan señeras como La Investidura de los dioses, En las márgenes del agua, Ching Ping Mei y Viaje al Oeste ha sido recoger lo mejor y más significativo de su universo cultural y proyectarlo hacia el futuro con esa fuerza que
sólo la imaginación es capaz de dar. Así se convirtieron no sólo en punto de llegada, sino en principio de una nueva vitalidad literaria, que cristalizó en la rica producción literaria de la dinastía Ching (1644 - 1911). Por eso forman parte del patrimonio de la humanidad, a pesar de la condena de desconocimiento a la que, una y otra vez, las ha sometido el centralismo cultural occidental.

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